Historias mínimas para una creatividad máxima

Quizá te preguntes qué es una historia mínima. Se trata intentar contar una historia con muy pocas palabras, lo cual nos obliga a realizar un ejercicio creativo máximo. Pero antes de entrar en materia, te cuento una pequeña historia real.

Baby ShoesFue el gran escritor Ernest Hemingway quien apostó ser capaz de escribir una novela de seis palabras, batiendo por una palabra de diferencia el famoso cuento de 7 palabras de Monterroso que dice así: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. No parecía una misión nada fácil, pero el ingenio de Hemingway produjo una historia mínima que, a diferencia de la de Monterroso, está encima desprovista de elementos fantásticos, lo cual resulta aún más complicado: “Vendo: zapatos de bebé, a estrenar” (original: “For sale: baby shoes, never worn.”). ¡A que da qué pensar…!

Parece que en el mundo actual, rodeados de la brevedad Twitter, la simplificación de los mensajes de WhatsApp y el consumo de vídeos cortos de YouTube, el microrrelato puede encajar perfectamente en el esquema de las mentes más jóvenes. Es cierto que se puede criticar que algunos medios digitales promueven cierta vulgarización o falta de cuidado a la hora de publicar contenidos, pero esto solo ocurre en parte. Por ejemplo, el éxito de Twitter se debe precisamente al hecho de que nos obliga a comunicar lo necesario de una forma llamativa. Simplificar algo sin restarle intensidad o calidad es una de las tareas más difíciles; si no, pregúntenle a un programador o a un diseñador. Así que, volviendo a la escritura, proponer actividades de escritura que hagan que nuestros alumnos deban hacer volar su imaginación para luego condensarla en pocas palabras, es algo que estimula su creatividad y su competencia lingüística, porque antes hay que realizar un proceso mental muy elaborado.

En primer lugar, hay que pensar en alguna situación o historia que genere interés por su originalidad o extrañeza. Luego hay que ponerle palabras, para finalmente desproveerla de todo lo accesorio. Lo más importante es quizá un último paso en que hay que intentar condensar la información en pocas palabras. A veces incluso será necesario dejar que sea el propio receptor quien rellene la información implícita para completar el mensaje. De hecho, cuanta más libertad y espacio le demos al receptor para completar lo implícito en la historia, mejor será esta (con ciertos límites, claro está). Pensemos en la historia de Hemingway: ¿Por qué no se estrenaron los zapatos? ¿Murió acaso el bebé? ¿Fue un regalo horroroso de la suegra? ¿Es una tienda de segunda mano? En esta fase el receptor se involucra en la elaboración de la historia.

Todo este proceso permite mucha libertad para programar actividades en el aula individuales o grupales en las que todos participen siendo escritores y lectores, o lectores-escritores al mismo tiempo. Además, a los estudiantes de secundaria se les puede animar a que publiquen sus historias en Twitter creando su propio hashtag. En definitiva, algo muy sencillo puede resultar muy estimulante.

Anímate a llevarlo a cabo con tus alumnos y, si lo deseas, puedes compartir con todos nosotros el resultado de tu experiencia.

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